A los 104 años, falleció Doña Felipa Rojas, más conocida como la “médica de la alfalfa” en su tierra natal de Tudcum. Su deceso se produjo en el Hospital Marcial Quiroga por bronconeumonía e insuficiencia cardíaca.
Poseedora de un don que la hizo distinguir, protagonista de 104 años de vida sacrificada en los campos de Tudcum, dueña de un semblante que manifestaba un camino cansado, madre de 10 hijos y sanadora del pueblo a través de métodos naturales, doña Felipa Rojas falleció a las 10.30 de ayer en el hospital Marcial Quiroga. Sin dudas fue una destacada protagonista de la sabiduría popular y su muerte ocurrió en el Día de la Mujer, como haciendo honor a su distintiva condición de mujer luchadora.
Bronconeumonía e insuficiencia cardíaca fueron los padecimientos que llevaron a la “Médica de la alfalfa” a una internación que duró 18 días.
Según manifestó el personal de salud del hospital, sus complicaciones fueron las propias de la edad. Si bien su DNI data de 1914, ella contaba que la inscribieron en el Registro Civil cuando tenía 8 años, por lo que su verdadera edad superaba los 100 años.
Sus hijos la describen como una mujer optimista a pesar de los sacrificios propios que implicaron a lo largo de su vida la cría de animales, la molienda de trigo y la ardua dedicación a las tareas rurales y a la familia.
El don que la hizo única
Felipa Rojas será recordada por la memoria sanjuanina debido a su don de la videncia relativa a patologías físicas. Ella siempre manifestó que Dios era quien le atribuía esa cualidad. En cierta hora del día colocaba un frasco con la orina de quien se encontraba enfermo para que fuera atravesado por los rayos del sol. Esa luz le permitía diagnosticar la enfermedad a través de lo que su mente dictaba.
Hace dos años que la “Médica de la alfalfa” no atendía consultas por su estado de salud, sólo se reunía con quienes quisieran dialogar con ella o visitarla.
Admirada por la ciencia
“Siempre recibía gente que era enviada por los médicos. No podían descubrirles en análisis comunes sus enfermedades y les recomendaban que visitaran a mi mamá”, manifestó una hija de Felipa, María Rojas. Esto demuestra que la medicina científica nunca la desprestigió. Felipa no fue a la escuela, sus dones eran innatos. Su fe, su entrega y dedicación y sus ganas de vivir al servicio de quienes la consultaban fueron fortaleciendo año a año la confianza popular hacia su particular cualidad.
El reconocimiento hará recordar a la “Médica de la alfalfa” como una mujer poseedora de una personalidad y de virtudes inexplicables científicamente y eternamente admiradas por el pueblo.