Una verdadera multitud participó de los tradicionales festejos carnavalescos en el departamento del Este, donde no falto la ancestral costumbre de la chaya.
Cualquiera
podría haber imaginado que en San Martín había caído un gran chaparrón el
viernes pasado. Todo el mundo estaba empapado y el pavimento con grandes
charcos de agua. Pero esta imagen fue producto pura y exclusivamente de la
chaya. Las casi 20.000 personas (según la Policía) que asistieron a la noche de
apertura del carnaval quisieron revivir esta vieja tradición, de la que nadie
escapó seco.
Agazapados
detrás del escenario, un grupo de chicos esperaba ansioso el paso de cualquier
mujer para vaciarle un tacho de agua. Sus primeras víctimas fueron dos amigas
que ni se inmutaron cuando las mojaron porque ya venían empapadas. En un
trayecto de 50 metros, las chayaron desde todas las direcciones.
A la noche
de apertura del corso en San Martín, las familias concurrieron totalmente
equipadas para revivir el carnaval de antaño. Tarros, baldes, botellas con
rociador de largo alcance y cualquier recipiente donde echar agua sirvió para
que, antes de comenzar el desfile de carruajes y comparsas, no quedara nadie
seco. Ni siquiera los encargados de mantener la calle despejada para el paso
del corso. Sólo se salvaron los policías a los que nadie se atrevió a mojar, y
los funcionarios que se ubicaron sobre el escenario para escaparle también a la
nieve artificial, entre ellos, el intendente.
La chaya
continuó sin cesar durante toda la noche, ya que no hubo problema de
abastecimiento de agua. La gente, de rodillas, recargaron los recipientes en el
canal ubicado detrás de la calle por donde circulaban los bailarines.
El carnaval
en San Martín culmina esta noche reviviendo otra tradición de antaño: un baile
popular en plena calle.